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El tipo de calzado utilizado es el principal motivo

La fascitis plantar afecta con mayor fuerza a la calidad de vida de las mujeres

​Así lo pone de manifiesto un trabajo de investigación mutidisciplinar en el que ha participado la Universidad de Extremadura
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Las mujeres que padecen fascitis plantar, un trastorno secundario del pie provocado como respuesta inflamatoria a microtraumatismos repetitivos, ven reducida su calidad de vida en mayor porcentaje que los hombres



A través de un cuestionario validado en los Estados Unidos, un equipo de expertos español ha podido observar cómo tanto la actividad física, como la capacidad social y el vigor, es mayor entre los pacientes masculinos que femeninos.


El tipo de calzado utilizado es el principal motivo por el que existe esta diferencia entre ambos sexos ante una misma patología. Al menos así lo apunta la investigadora de la Universidad de Extremadura, Patricia Palomo, que ha participado en el estudio.


Precisamente por eso, Palomo, del Centro Universitario de Plasencia y que ha llevado a cabo este trabajo junto a investigadores de las universidades Complutense de Madrid, Rey Juan Carlos, Europea de Madrid, Universidad de León y de la Coruña, considera que a la luz de los resultados obtenidos se torna preciso concienciar a la población sobre este problema.


“A pesar de que el umbral del dolor es en general mayor en las mujeres que en los hombres, lo cierto es que el tipo de zapatos que utiliza el hombre, en función del tipo de actividad, es más adecuado en estos últimos. Además, los tacones son bastante perjudiciales. Por eso, pensamos que sería preciso lanzar campañas de concienciación”, ha matizado Palomo.


Este equipo multidisciplinar ha trabajado con una muestra de 100 pacientes, la mitad de ellos hombres y la otra mitad mujeres. Además, los enfermos objeto del estudio, donde han analizado cómo influye esta patología en la vida diaria de los pacientes, debían tener unas características muy específicas. 


Como subraya Palomo, en primer lugar, debían tener entre 18 y 65 años, “no hemos querido hacerlo en adolescentes porque aguantan mucho mejor el dolor”.


También debían ser personas que presentasen el dolor en el talón en fase aguda y sin tratamientos previos, como infiltraciones o plantillas ortopédicas que hubieran sido diagnosticados por el podólogo.


El artículo se ha publicado en la revista Journal of Pain Research.

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